OPINIÓN: ¿Quién cuida a quienes producen conocimiento? Maternidad, mérito y desigualdad en la universidad pública
Prof. Mg. Rosa Quinteros Ochoa, docente de Inglés en la carrera de Pedagogía en Inglés (UNAP)
En las universidades se habla constantemente de mérito, productividad científica, publicaciones, proyectos y jerarquías académicas. Se establecen requisitos y se evalúan trayectorias profesionales, pero pocas veces se pregunta por las condiciones que permiten cumplir esas exigencias. ¿Quién dispone de tiempo para investigar después de hacer clases? ¿Quién puede escribir durante el fin de semana? ¿Quién puede viajar a un congreso sin tener que resolver primero quién cuidará de los hijos?
Para muchas mujeres, estas preguntas forman parte de su vida cotidiana. Ser madre mientras se construye una carrera académica implica compatibilizar responsabilidades que no siempre se distribuyen equitativamente. Cuando la crianza recae principalmente en una sola persona, la jornada laboral continúa en casa, entre tareas escolares, alimentación, acompañamiento emocional y labores domésticas que no admiten postergación.
La maternidad es diversa y las condiciones para ejercerla también. Algunas mujeres cuentan con redes de apoyo y recursos económicos; otras deben resolver prácticamente solas las necesidades de sus familias. Estas diferencias condicionan el tiempo y las oportunidades disponibles para el desarrollo profesional.
La reflexión feminista nos recuerda que los cuidados no son únicamente responsabilidad privada: también implican una cuestión política. Por esa razón, cabe preguntarse qué ocurre cuando esta discusión se da en el mundo universitario.
¿Igualdad de reglas o igualdad de oportunidades?
En la Universidad Arturo Prat, el debate sobre la nueva carrera académica ofrece una oportunidad para abordar estas preguntas. La propuesta de rúbricas trabajada por el Claustro Académico de AFAUNAP incorpora explícitamente un enfoque de género y plantea que las labores de cuidado y las trayectorias profesionales no lineales no deben convertirse en factores de penalización en la evaluación académica. Este principio es relevante. Sin embargo, al revisar la versión V10 de la propuesta de carrera académica, encontramos exigencias de productividad que merecen una reflexión adicional. Para la jerarquía de Profesor o Profesora Titular se establecen quince publicaciones WoS o Scopus Q1/Q2, de las cuales al menos diez deben corresponder a los últimos cinco años. Para Profesor o Profesora Asociada, nivel A, se exigen diez publicaciones, siete de ellas dentro del mismo período.
Estos requisitos no son discriminatorios en sí mismos. Una carrera académica necesita criterios transparentes y exigentes. El problema surge cuando las evaluaciones no consideran explícitamente las condiciones en que se desarrolla el trabajo profesional.
¿Qué ocurre con una académica que ha sostenido una intensa labor docente, ha dirigido estudiantes en diversas actividades que se corresponden con el currículo académico y ha desarrollado proyectos institucionales importantes, aunque su productividad científica reciente se ha visto condicionada por el cumplimiento de deberes de crianza intensiva de niños y responsabilidades generales de hogar?¿Podemos afirmar que su mérito es menor sin considerar esas circunstancias? La igualdad formal no siempre equivale a igualdad real. Aplicar las mismas reglas a personas que han desempeñado su trabajo profesional bajo condiciones muy diferentes, que perpetúan las desigualdades que la institución busca corregir.
El mérito también está condicionado por el tiempo.
Investigar y publicar requiere tiempo, concentración y continuidad. Postular a proyectos, participar en congresos y construir redes académicas demanda no solo más trabajo, sino disponibilidad. Por ello, una carrera académica con enfoque de género necesita traducir sus principios en mecanismos concretos: considerar interrupciones justificadas, revisar las ventanas temporales de productividad y evitar que la maternidad o las responsabilidades de cuidado generen desventajas acumulativas en la promoción académica.
No se trata de exigir menos a las mujeres, sino de evaluar sus trayectorias de manera justa, reconociendo tanto sus resultados como las condiciones en que han desarrollado su trabajo.
Los cuidados también importan en las remuneraciones
La discusión tampoco debería terminar en el acceso a una jerarquía. La progresión académica puede tener consecuencias económicas y, si las responsabilidades de cuidado afectan las oportunidades de promoción, también repercuten en los ingresos de quienes las asumen. Esta relación debe examinarse mediante datos institucionales, no darse por demostrada sin evidencia. En virtud de esto, se hace necesaria la discusión sobre las estructuras de carrera y remuneraciones que tomen en cuenta las trayectorias profesionales en su contexto general, con criterios sujetos la realidad.. Esto supone estudiar mecanismos que permitan considerar los períodos de maternidad y cuidado en las evaluaciones, así como examinar la distribución y valoración de las tareas docentes, de gestión y de vinculación con el medio.
No se trata de establecer estándares inferiores ni beneficios automáticos para las académicas que son madres. Se trata de impedir que responsabilidades socialmente necesarias se transformen en desventajas profesionales y económicas.
Una universidad pública también debe cuidar
La Universidad Arturo Prat, por su carácter público y regional, tiene la oportunidad de avanzar hacia una carrera académica que reconozca la diversidad de las trayectorias y responda a las desigualdades que atraviesan a su comunidad. Para ello, necesitamos conocer bien las trayectorias de nuestras académicas y académicos, la distribución de las responsabilidades y las diferencias en las oportunidades de promoción y remuneración. También se necesita que el enfoque de género declarado en las propuestas institucionales tenga una expresión efectiva en el reglamento definitivo y en sus mecanismos de aplicación. Las mujeres que crían hijos, especialmente las que lo hacen sin redes suficientes, no necesitan únicamente reconocimiento por su resiliencia. Necesitan condiciones institucionales que les permitan desarrollarse profesionalmente sin que una parte de su vida deba sacrificarse sistemáticamente para sostener la otra.
Una universidad de excelencia no es solamente aquella que publica más o mejora sus indicadores. Es también aquella que reconoce las desigualdades existentes al interior de su comunidad, que se compromete a corregirlas.
Las académicas no pedimos que se nos mida con menos rigor. Pedimos que el rigor no se confunda con la indiferencia frente a las condiciones de vida. Si queremos una carrera académica justa, debemos atrevernos a formular una pregunta incómoda, pero necesaria:
¿Podemos hablar de mérito académico mientras ignoramos a quienes cuidan la familia, en qué condiciones lo hacen?
Prof. Mg. Rosa Quinteros Ochoa, docente de Inglés en la carrera de Pedagogía en Inglés (UNAP)
