HOMENAJE PRISMA PÚBLICO: El liderazgo académico del profesor Bernardo Guerrero Jiménez en la Región de Tarapacá
Sociólogo, Doctor en Ciencias Socioculturales por la Universidad Libre de Amsterdam. Profesor titular de la Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Arturo Prat. En libros, artículos y documentales ha plasmado su estudio sobre religiosidad popular, literatura, deporte y música del Norte Grande de Chile, como especialista en identidad, memoria y patrimonio. Entre las principales contribuciones de este destacado académico sobresalen la creación en 1991 de la carrera de Sociología de la Universidad Arturo Prat (UNAP) y el surgimiento de la Revista de Ciencias Sociales en 1992.
El desarrollo institucional de la carrera de Sociología en Chile entre 1958 y 2026 se compone
de distintas etapas que marcan el tránsito desde el centralismo metropolitano inicial hasta la
consolidación regional, teniendo a Iquique como un espacio de alta significación.
La disciplina nació formalmente en 1958 con la fundación casi simultánea de las escuelas en la Universidad
de Chile y la Pontificia Universidad Católica de Chile. Su emergencia respondió a la necesidad
de profesionalizar el estudio de las transformaciones estructurales del país, abordadas desde
subdisciplinas emergentes como la sociología del desarrollo, de la educación, urbana, rural y de
las religiones.

A comienzos de la década de 1970, este impulso buscó expandirse hacia el
extremo norte del país mediante la apertura de programas en la Sede Antofagasta de la
Universidad de Chile y en la Universidad del Norte en 1972. Sin embargo, la dictadura militar
de 1973 interrumpió este proceso: la sede de la Universidad de Chile fue clausurada de forma
inmediata, mientras que el programa de la Universidad del Norte enfrentó una estricta censura
y restricciones de matrícula que forzaron su cierre definitivo en 1984. Esto provocó un
prolongado rezago en la investigación de las ciencias sociales en el Norte Grande. Aunque esto
es nada novedoso, ya que históricamente, la sociología ha enfrentado tensiones con regímenes
autoritarios debido a su naturaleza analítica y reflexiva; un fenómeno observable en distintos
contextos latinoamericanos del siglo XX, donde los programas de pregrado fueron clausurados
o reestructurados bajo criterios funcionales a los gobiernos de turno.

El panorama institucional se reconfiguró tras el retorno a la democracia a inicios de la década
de 1990. Mientras en Santiago la PUC reabría la admisión a su pregrado y se fundaba la
Universidad ARCIS (1990), en la Región de Tarapacá se articuló un proyecto descentralizador
pionero. En marzo de 1991, la Universidad Arturo Prat (UNAP) creó la carrera de Sociología
en Iquique, superando la inercia del centralismo académico de la época. Este hito fue liderado
por el profesor Bernardo Guerrero Jiménez, junto a los académicos fundadores Víctor
Guerrero Cossio, Juan Podestá Arzubiaga y Francisco Pinto Madariaga. El proyecto restableció
el pensamiento social en la zona, complementándose solo un año después, en diciembre de
1992, con la fundación de la Revista de Ciencias Sociales.
La implementación de este primer plan de estudios durante los años noventa estuvo marcada
por una rigurosa exigencia académica. La estructura curricular de la época contemplaba
asignaturas anuales, lo que significaba que la reprobación de un curso implicaba un retraso
directo de un año calendario en el progreso de la malla. Este nivel de selectividad y demanda
horaria estimuló formas de socialización cooperativas entre los estudiantes. Se conformaron
densas redes de estudio donde la discusión teórica permeaba la vida cotidiana y los vínculos
interpersonales de las primeras generaciones. El compromiso intelectual demandado por el
programa forjó comunidades de pertenencia tan cohesionadas que marcaron de manera
definitiva las trayectorias de sus estudiantes.

La atracción de la carrera se extendió hacia estudiantes procedentes del sur y centro del país,
quienes optaron por una formación con un marcado sello regional. En este contexto, lo
regional trascendió lo meramente geográfico para constituirse como un ethos cultural
fuertemente vinculado a la identidad pampina, salitrera y altiplánica. El programa permitió a
sus estudiantes investigar las dinámicas sociológicas de los ciclos económicos extractivos, la
transferencia de capitales hacia el poder central en Santiago, y las consecuencias socioculturales
de la Guerra del Pacífico.

Asimismo, una de las contribuciones más relevantes de la escuela en este período fue el estudio
y la visibilización de las comunidades aymaras, un actor social e histórico sistemáticamente
omitido en los currículos de la educación escolar chilena de la época. Para el estudiantado
proveniente de sectores con menor capital cultural o alejados de los grandes circuitos
editoriales, el acceso a las fuentes bibliográficas y metodologías de investigación representó un
proceso acelerado de alfabetización científica. El rigor intelectual impuesto por el cuerpo
docente —y en particular por el profesor Bernardo Guerrero— operó como un dinamizador
de la lectura crítica autónoma. El pensar no solo como acto abstracto, sino como un ejercicio
reflexivo y transformador, redefinió los horizontes vitales de cientos de graduados a lo largo de
las décadas de existencia del programa.

Un componente central del legado académico del profesor Guerrero es la creación de la Revista
de Ciencias Sociales de la Universidad Arturo Prat en diciembre de 1992. Su aparición constituyó
un hito de gran relevancia, dado que el sistema de publicaciones especializadas en Chile se
encontraba sumamente reducido tras el periodo dictatorial. En 1992, la producción sociológica
nacional se concentraba en escasos órganos activos como la Revista de Sociología de la
Universidad de Chile, Persona y Sociedad de ILADES, o los cuadernos de investigación de
corporaciones independientes como SUR (Proposiciones), con una fuerte focalización en el eje
Santiago-Valparaíso o en los estudios rurales del sur del país.
La iniciativa del profesor Bernardo Guerreo rompió el aislamiento intelectual del desierto
chileno. Al instituirse como el espacio de difusión científica más antiguo y de publicación
ininterrumpida de la universidad, la revista ofreció la primera plataforma científico-social
surgida en democracia en el norte chileno. Con ello, demostró la capacidad de la periferia
geográfica para generar marcos teóricos propios, orientados a interpretar la identidad
transfronteriza, las manifestaciones de la religiosidad popular y las dinámicas de la cultura local.

Bernardo Guerrero Jiménez:
Sociólogo, Doctor en Ciencias Socioculturales por la Universidad Libre de Amsterdam. Profesor titular de la Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Arturo Prat. En libros, artículos y documentales ha plasmado su estudio sobre religiosidad popular, literatura, deporte y música del Norte Grande de Chile, como especialista en identidad, memoria y patrimonio. Dirigió la Revista de Ciencias Sociales y el Instituto de Estudios Andinos «Isluga».
